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domingo, 10 de enero de 2010

Mensajes subliminales: ¿alguien está manipulando nuestro cerebro?


Créase o no, en por lo menos uno de los proyectos de Ley de Comunicación que se presentaron en la Asamblea, dice textualmente que se prohíbe “el uso de técnicas publicitarias subliminales…”. Nos parece increíble que este viejo mito aún persista más allá de toda lógica. Veamos cuál es la verdad.

Se considera que la información subliminal es aquella que el cerebro no puede procesar de manera consciente, y que por lo tanto es asimilada sin criterio, y nos lleva a actuar mecánicamente siguiendo las órdenes que nos han dado. El mito de la existencia de mensajes subliminales incrustados en la publicidad nació en 1957, cuando James Vicary, un desconocido publicista estadounidense aseguró que había hecho un experimento en un cine poniendo dos mensajes en la película: “tome Coca Cola” y “coma palomitas de maíz”. Vicary aseguró que las ventas se habian incrementado notablemente. Poco despues otro publicista, llamado Vance Packard escribe un libro sobre los mensajes ocultos en la publicidad citando este expermiento sin molestarse en comprobarlo (1).

Mientras Vicary y Packard se hacían famosos, la teoría asombró y preocupó a mucha gente, incluyendo al gobierno estadounidense que estaba en plena paranoia de la guerra fría contra los rusos. Se sancionó una ley que prohibía estos mensajes, al tiempo que la CIA estudiaba si se la podía usar contra el enemigo.

Pero semejante afirmación debía ser puesta a prueba, así es que un investigador social trató de repetir el experimento junto con Vicary. El fracaso fue absoluto, y desde entonces -hasta hoy- todos los estudios hechos demostraron que los mensajes subliminales no funcionan. El último y más grande de todos fue en 1996 e incluyó una comparación de los resultados de 23 experimentos diferentes (2).

Y eso a pesar de que cinco años después, en 1962, el autor reconoció que todo era mentira y explicó por qué lo había hecho:

“Yo tenía una buena idea para vender: usar los espacios de las películas para introducir mensajes comerciales sin tener que interrumpirlas. Era sólo un truco que no sabíamos si funcionaría, pero la prensa filtró el borrador de un estudio que tenía unos pocos datos que no eran significativos…” (3).

Revista Advertising Age, septiembre de 1962

Está claro que todo se trataba de una fábula, un truco que le sirvió para salavar a su empresa de la bancarrota inminente. Por eso hoy, en casi todas las universidades, esta absurda teoria pasó al basurero de la historia.

Así funcionaría todo mejor

Pero lo gracioso del caso es que mucha gente las sigue creyendo. Tal vez porque nos encantan las teorías de los complots. Dicen que estos mensajes entran directamente al inconsciente y modifican nuestro comportamiento sin que nos demos cuenta. Basados en esta técnica se ofrece todo tipo de cursos para aprender inglés, dejar de fumar y hasta bajar de peso. Nada de esto tiene la menor base científica.

Sencillamente no funcionan porque nuestro cerebro recibe a diario cientos de estímulos transmitidos por los sentidos. Sólo cuando las neuronas reciben estos mensajes, se activan y les dan algún significado. Pero un ruido muy leve o una imagen demasiado rápida no llega a excitar a las neuronas, y si lo hace, tampoco logramos entender de qué se trata. Entonces, el cerebro decide no procesarlas y simplemente las desecha. Y aún así, las que acceden al cerebro, son procesadas conscientemente, como se ha descubierto en un reciente estudio (4). Por eso, todos los publicistas saben que los mensajes publicitarios son eficaces sólo cuando se repiten y logran fijarse en la memoria de los compradores.

Un mundo feliz

Por si queda alguna duda, supongamos por un momento que los mensajes subliminales funcionaran, ¿qué pasaría?

-Si dos empresas competidoras (digamos Coca y Pepsi) utilizaran mensajes subliminales, ¿por cuál de los dos productos nos decidiríamos?

-Si los mensajes subliminales existieran, ninguna empresa bajaría sus ventas ni quebraría, ¿verdad?

-Podríamos eliminar los crímenes poniendo mensajes televisivos subliminales que digan “no robes” o, “no mates”

-Los políticos con los mejores publicistas ganarían todas las elecciones que quisieran (“Cuchuflito es el mejor”)

-Los dictadores podría insertar palabras como “obedece”, "ama al general Montoto" o “no te quejes”, y los totalitarismos gobernarían el mundo desde hace rato; pero la verdad, pocos duran mucho, con monopolio de la propaganda y todo...

-Los fanáticos religiosos podrían sacar avisos que digan “abajo el diablo” o “dona dinero a tu pastor”

-Los estudiantes no tendrían que ir a clases: bastaría con que los profesores les grabaran discos con las lecciones para escucharlas mientras duermen.

-Los chicos tomarían la sopa (“la sopa es riiica”)

-Nadie botaría basura en las calles (“no seas chancho”)

y en medio de la pobreza y la desocupación todos tendríamos la sensación de ser felices (“sonríe” y el dibujo de una carita feliz)

Pero nada de eso sucede, aunque a muchos les gustaría que fuera cierto. Lo que pasa, sencillamente, es que no funcionan. Y esta teoría pseudo científica sólo sirve para enfermarnos de paranoia

Y a propósito de paranoia, la próxima semana hablaremos de las famosas y temibles “canciones satánicas”… ¡Qué miedo!

1) Packard, Vance: Los persuasores ocultos (1957)

2) Trappery, C. (1996), A meta-analysis of consumer choice and subliminal advertising, Psychology & Marketing

3) http://adage.com/article?article_id=98897

4) http://www.tendencias21.net/Los-mensajes-subliminales-son-procesados-de-manera-consciente-por-el-cerebro_a1236.html

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viernes, 25 de septiembre de 2009

Mayas 2012: el calendario y el fin del mundo

Desde el lunes 17 de mayo, pueden ver mi documental sobre el 2012 en la web de Teleamazonas:
http://www.teleamazonas.com/index.php?option=com_content&view=article&id=208&Itemid=113

Profecías mayas

¿EL FIN DEL MUNDO PARA EL 2012?

Este es uno de los temas por el que más nos escribían al programa, y a pesar de que ya lo explicamos un par de veces, no está de más aclararlo otra vez. Porque a medida que se acerque la fecha, los temores (y el negocio de unos cuantos vivos) irán en aumento.

Veamos. En películas catastrofistas, en muchas web y en algunos libros que se venden hasta en supermercados se asegura que, según una antigua profecía maya, exactamente el 21 de diciembre de 2012 se acabará el mundo tal como lo conocemos. Ese día, desde el centro de nuestra galaxia llegará un rayo -o un meteorito, o un enorme planeta- que colapsará los satélites, las comunicaciones y la energía eléctrica. Eso en una breve síntesis, porque hay variaciones sobre el tema, de acuerdo a quien le dé la gana de inventar lo primero que se le ocurra.

Según los gurúes de la New Age, que son quienes predican (y se benefician) de esta variante moderna del Apocalipsis bíblico, los mayas eran seres muy espirituales que estaban conectados con las fuerzas cósmicas , es decir, con el “Espíritu del Universo” que no sabemos muy bien de qué se trata. Extraterrestres o sus parientes. Y para probarlo, sostienen, con razón, que esta civilización creó un calendario muy preciso.

Pero ¿quiénes eran los mayas?

Las teorías descabelladas sobre este pueblo comenzaron apenas después de la llegada de Colón a América. Se especulaba con que ellos eran descendientes de las tribus perdidas de Israel. En el siglo 19, al francés Augustus Le Plongeon se le ocurre un nuevo delirio: sostiene que los mayas eran sobrevivientes de la Atlántida.

Según él, cuando un cataclismo hundió ese mítico continente algunos atlantes escaparon hacia al oeste y fueron el origen de los mayas; otros, viajaron al este y fundaron la civilización egipcia. Eso explicaría que ambos pueblos construyeran pirámides, que sus jeroglíficos sean algo parecidos y que fueron grandes estudiosos de la astronomía. Y ahí se acaba el parecido. Porque se olvidaron de un “pequeño” detalle: el esplendor de ambas civilizaciones está separado nada menos que por 2 mil años de historia.

Según los vendedores de misterios de hoy, los mayas eran un pueblo sensible a las artes, sencillos agricultores que vivían en armonía con la naturaleza. Pacifistas, espirituales y ecologistas, una especie de precursores de los hippies. Dicen además, que un día abandonaron sus ciudades y desaparecieron misteriosamente.

Lamentablemente, sobre todo para sus vecinos, la verdad es muy diferente. Los mayas eran un pueblo guerrero, y como tantas otras “civilizaciones” de la Antigüedad, eran inmisericordes con los pueblos que sometían.

Basta ver la plataforma de Chichén Itzá, donde se hacían sacrificios humanos, y que adornaban con las calaveras de sus enemigos, a quienes previamente habían despojado de su piel para confeccionarse máscaras y vestimentas ceremoniales.

Tampoco eran muy ecologistas, sino más bien lo contrario: la mayoría de los arqueólogos cree que abandonaron sus ciudades cuando los suelos selváticos se agotaron para la agricultura por el exceso de población, a lo que siguieron grandes revueltas sociales.

Y tampoco es verdad que los mayas hayan desaparecido. Actualmente en México y Guatemala viven varios millones de indígenas mayas. Una de ellas es famosa: la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú. Más aún, ninguno de estos auténticos mayas sabe nada de esa presunta profecía, sencillamente porque no está escrita en ninguna parte.

¿Y qué es el calendario maya?

El calendario maya, como todos los que inventaron otros pueblos del mundo,tenía una función esencial. Siglos de observación les había mostrado que la Naturaleza tiene ciclos más o menos regulares, y establecer con precisión esos períodos les servía para saber cuándo habría sequía y cuándo lluvias para poder sembrar.

El calendario maya muestra que en el año 2012 se acaba un ciclo largo de las cuentas que llevaban. Sería como para nosotros cuando se acabó el milenio. Y punto. No dice nada sobre el fin del mundo ni nada por el estilo.

En realidad, para los mayas el fin de su civilización sucedió en 1460, cuando abandonaron sus últimas grandes ciudades, treinta y dos años antes de la llegada de los españoles a América. Y no fueron capaces de prever ninguna de esas tragedias antes de su declive.

Además de la película 2012, ¿es posible que algo esté llegando para destruir a la Tierra?

Veamos. Nuestro pequeño planeta está situado a más de 27 mil años luz del centro de la Via Láctea, nuestra galaxia. Si desde allí hubiese partido un rayo cósmico (¿?) que viaja a la velocidad de la luz, ya tendría que estar a solos tres años de distancia. ¿Y quién rayos lo ha visto para asegurar que está viniendo? Pero de eso, ningún astrónomo sabe nada, sólo los místicos delirantes.

Peor aún el famoso planeta Hercólubus, un invento de un místico colombiano que se hacía llamar Rabolú, autor del libro “Hercólubus, el planeta rojo”. En él revela la existencia de este enorme cuerpo celeste que sería seis veces más grande que Júpiter, y que chocaría contra la Tierra en…1999. Pero como el pobre anda un poco lento y no termina de llegar, mejor pasaron la fecha para el 2012.

Esta tontería desafía todas las leyes de la física e incluso la paciencia de los físicos que entrevistamos sobre el tema. Nos explicaron que si un planeta tan enorme estuviera tan cerca, pues sencillamente todo el sistema solar estaría trastornado. Planetas que habrían cambiado de órbita, lunas absorbidas por su gravedad, etc, etc. Y además ya lo veríamos. Pero, los vendedores de este mito dicen que es... convenientemente invisible. Y lo más gracioso: si es invisible ¿cómo saben que es rojo?

Los muchos fines del mundo

Aunque todas se creyeron eternas, las grandes civilizaciones de la historia tuvieron su ascenso, su auge y su caída. Es decir, su propio fin del mundo. Le sucedió a los egipcios con la invasión de los ejércitos de Alejandro Magno, a los griegos sometidos por los romanos, a los romanos aplastados por los bárbaros.

Con el fin de moralizar y dominar mejor a sus sociedades, los sacerdotes y reyes conminaban a la gente a no cometer actos que pudieran ofender a los dioses, porque la ira de estos destruiría a los hombres.

Todas las civilizaciones de todo el mundo han hablado siempre de un fin del mundo. Por ejemplo, para los antiguos escandinavos el momento llegaría cuando Fenris, un enorme lobo, devorara a los dioses y las estrellas. Para los primeros cristianos el fin estaba muy cerca, y así lo expresaba el autor del Apocalipsis bíblico. Incluso, según el evangelio de San Mateo, el propio Jesús aseguraba que ya faltaba poco

De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca (Mateo 24:34)

Alguien se tomó alguna vez la molestia de contar los fines del mundo que se anunciaron en Occidente desde la muerte de Jesús: sumó 35. Se lo anunció para el año 99, en el 476 con la caída del imperio romano. En el año 999 hubo una oleada de suicidios porque a alguien se le ocurrió interpretar que la Biblia predecía el Apocalipsis para el fin del milenio.Ya más cerca de nuestra época, en 1996 porque lo había profetizado Notradamus; en 1999 vendría el colapso tecnológico del Y2K, luego el 6 del 6 del 2006... y así hasta hoy. Aquí estamos todavía, y seguiremos estando en el 2012.

En la Edad Media, los curas les decían a los asustados europeos que las pestes que mataban a millones eran por culpa de sus pecados, y que pronto vendría Jesús a castigarlos y poner orden. Ahora los profetas de la "nueva espiritualidad" dicen que los terremotos y tsunamis son una respuesta del planeta al maltrato que le damos, y que por eso el alma del Universo nos enviará un rayo cósmico y extraterrestres para castigarnos y poner orden.

Nos tratan como a niños que se portan mal y nos asustan con el cuco. Si antes nos amenazaban con el apocalipsis los sacerdotes cristianos para llevar gente a las iglesias, hoy lo hacen los gurúes de la Nueva Era para vendernos la salvación en sus sectas. Es el mismo engaño con otro nombre. Siempre el miedo a la venganza, de dioses o de extraterrestres.

Sólo que ahora el negocio del miedo ha cambiado de dueño.


Actualización, 21 de marzo de 2010.

Acabo de regresar de Guatemala donde entrevisté a algunos de los máximos líderes políticos y espirituales de los casi 6 millones de mayas que viven en ese país. Todos coincidieron en lo mismo: ni ellos ni los abuelos conocen de la existencia de las supuestas profecías mayas. Más aún, pronto comenzarán una campaña de esclarecimiento a la opinión pública mundial parea desenmascarar a los mercaderes que se han inventado este mito moderno.


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