domingo, 11 de octubre de 2009

El Triángulo de las Bermudas...¡ha desaparecido!

A inicios de los años ’50s algunos medios -no precisamente confiables- comenzaron a mencionar misteriosas desapariciones y accidentes de embarcaciones en zonas cercanas a Florida. En 1964 el norteamericano Vincent Gaddis acuñó el término “Triángulo de las Bermudas” en una publicación sensacionalista. Así bautizó a una región cuatro veces más grande que el Ecuador comprendida entre Miami, las islas Bermudas y Puerto Rico. Según él, este era un lugar siniestro donde las embarcaciones sucumbían en circunstancias extrañas.

Pero quien realmente consagró el mito fue el escritor Charles Berlitz con su libro “El Triángulo de las Bermudas”, un éxito editorial que desde 1974 hasta hoy ha vendido más de 20 millones de copias. Berlitz describe una larga lista de barcos de todos los tamaños, formas y procedencias e incluso aviones desaparecidos sin dejar rastros. Pero de todos ellos, el vuelo 19 es el más emblemático, y el más mencionado cuando se habla de este enigma. En diciembre de 1945 un escuadrón de cinco bombarderos de la marina norteamericana parte de una base cercana a Miami. Nunca regresaron a tierra.

Hasta que Berlitz lo incluyó en su lista se lo consideraba sólo un accidente. Él comienza a hablar de extrañas luces en el cielo y el mar y también de enormes explosiones submarinas. Fuerzas extrañas que ya había mencionado un vidente: Edgar Cayce, quien sostenía haber recibido revelaciones sobre la antigua civilización de la Atlántida . Predijo, además, que esta volvería a emerger en 1969. Cuarenta años después, sus seguidores siguen esperando que del fondo del mar aparezca esta mítica ciudad inventada por Platón como ejemplo de un gobierno ideal.

Se han tratado de encontrar explicaciones racionales y científicas a las llamadas "misteriosas desapariciones" del Triángulo de las Bermudas. La última de ellas probó que algunos barcos podían hundirse al atravesar zonas de turbulencias que son causadas por la emision de gas metano que sale a la superficie a gran presión. Una teoría interesante aunque, como muchas otras, partió del supuesto de que los casos que se mencionan en el libro de Berlitz son reales. Y ese es el error.

El hombre que no se creyó el cuento

Hubo alguien que desde el principio dudó de Berlitz, y decidió comprobar cada uno de los incidentes que mencionaba. Hace ya un año en Phoenix, la capital de Arizona, entrevistamos a Lawrence “Larry” Kusche, piloto e instructor de vuelo y más tarde bibliotecario y escritor. Investigador metódico y riguroso, se interesó por el tema siendo aún estudiante universitario. “Cuando empecé a leer los artículos que se publicaban -nos explica- yo creía que era un misterio. Pero poco a poco encontraba pequeñas pistas, que me hacían preguntar qué tan buena era la investigación que se había hecho. Y cuanto más buscaba, más errores encontraba.”

Kusche leyó periódicos antiguos, consultó los archivos de las empresas navieras y los registros de la Guardia Costera de Estados Unidos, y fue encontrando cosas como esta: “En el libro de Berlitz se dice que hubo un accidente de un avión en 1937, y en presencia de cientos de testigos. Sin embargo, ningún periódico local de esa fecha menciona el incidente. Otros casos me tomaron más tiempo; por ejemplo, el barco noruego Stavenger. Contacté con la oficina de embarques de Noruega, y me dijeron que no existía ningún registro sobre un barco llamado Stavenger. Sencillamente, jamás existió.”

Primera conclusión: en la lista de Berlitz se mencionan accidentes que en realidad nunca sucedieron.

Pero Kusche encontró otros casos que sí ocurrieron, presuntamente en días claros y despejados, aseguraba Berlitz. Por ejemplo, un buque de nombre conocido para nosotros: el Cotopaxi, famoso porque Steven Spielberg lo incluyó en una escena de la película Encuentros cercanos del tercer tipo. “Dicen que en 1925 el buque Cotopaxi desapareció misteriosamente mientras cubría la ruta de Carolina del Sur a La Habana –explica Larry- y aunque los creyentes en este misterio sostienen que el clima era bueno, en los registros de la aseguradora Lloyds se dice que ese día había una tormenta fenomenal. Casos como este encontré muchos.”

Segunda conclusión: Berlitz omite deliberadamente detalles sobre los temporales en medio de los cuales ocurrieron algunos accidentes. El área del Triángulo es una zona de huracanes y tormentas violentas donde las condiciones meteorológicas cambian casi de un momento a otro.

“Pequeños” errores de ubicación

Hay otros incidentes que Berlitz menciona en su libro y que en verdad ocurrieron, pero no en el Triángulo de las Bermudas, sino muy lejos de allí. El Freya, supuestamente desaparecido en 1902, navegaba en realidad por el Océano Pacífico, ¡al otro lado del continente! El Bella, del que se dice que se desvaneció en el Triángulo en 1854, naufragó antes de abandonar el Atlántico Sur. Los creadores del mito del Triángulo colocaron en su interior catástrofes como el hundimiento del submarino Scorpion, que desapareció cerca de las Azores en 1968; la pérdida de un avión Globemaster que se estrelló en 1950 cuando estaba a punto de llegar a Irlanda, o el caso del famoso barco Mary Celeste, encontrado en las Azores, cerca... ¡del Africa!

Tercera conclusión: en muchos casos se ha mentido deliberadamente para hacerlos encajar en la teoría del misterio.

Pero se sigue afirmando que las desapariciones misteriosas que suceden en esa zona suman casi un centenar en el último siglo. Eso sería el 0,001% de los 10 millones de barcos y aviones que se calcula atravesaron esta zona desde el año 1900 hasta hoy. Estadísticas tan contundentes que la famosa aseguradora naviera Lloyds no cobra una cifra adicional a los barcos que deban pasar por allí.

Cuarta conclusión: las desapariciones de barcos y aviones en la zona del Triángulo no son mayores que en otras partes del mundo.

El vuelo 19

Mentiras, equivocaciones y exageraciones, todas forjadas por charlatanes como Berlitz para su propio beneficio. ¿Pero qué pasó realmente con el famoso vuelo 19 donde desaparecieron cinco aviones de las fuerzas armadas norteamericanas? Aprovechando su experiencia como piloto, Larry Kusche recorrió en una avioneta la ruta que habrían seguido los pilotos de entonces y encontró una explicación racional de los hechos.

“Los aviones salieron de Fort Lauderdale a las 2:10 y horas más tarde, cuando el escuadrón ya estaba extraviado, Charles Taylor (el piloto guía) contactó a otro piloto llamado Robert Cox para pedirle ayuda. Cox me dijo que Taylor estaba convencido que tenía la brújula dañada, que pensaba que estaba en los Cayos de Florida y no sabía cómo regresar a Fort Lauderdale. Taylor no conocía esta zona, y mi conclusión es que vio algo y pensó que sabía dónde estaba; pero estaba equivocado, seguramente estaba sobre las Bahamas -mucho más al este- y por eso su brújula no coincidía con lo que el creyó ver. Como resultado pensó que debía volar al norte, se dirigió hacia el oceáno Atlántico y se alejó hasta que los aviones gastaron su combustible y cayeron al mar. Eso no ha vuelto a suceder desde que se inventó el GPS”

La muerte del misterio

La región del Triángulo de las Bermudas es una de las rutas más transitadas del planeta Todos los días pasan por allí centenares de aviones pertenecientes a las 80 aerolíneas que operan entre Miami y Europa. Jamás desapareció ninguno. Ahora bien, si los accidentes son cada vez menos frecuentes, puede haber dos razones: o a los atlantes se les está acabando la batería de sus pirámides sumergidas, o los sistemas de radar y de navegacion y los pronósticos metereológicos han mejorado muchísimo. Nosotros nos quedamos con esta última hipótesis.

Y también Luis Díaz, oficial del Servicio de Guardacostas de Florida a quien entrevistamos en Miami: “Hoy en día hay muchos sistemas de búsqueda y rescate por satélite. Cuando una nave se hunde hay un mecanismo electrónico de emergencia que emite una señal. El GPS nos indica dónde está y podemos enviar unidades. Incluso los celulares funcionan hasta cierta distancia.”

Con cada día que pasa el mito del Triángulo de las Bermudas agoniza. La ciencia y la tecnología lo han herido de muerte. Las pocas embarcaciones que hoy se reportan como zozobradas suelen pertenecer a contrabandistas e inmigrantes ilegales.

Finalmente, Larry Kusche publicó un libro llamado El misterio del Triángulo de las Bermudas, resuelto que explicaba detalladamente caso por caso. Sin embargo, no tuvo ni de lejos el éxito que alcanzó Charles Berlitz. ¿Por qué? La explicación la podemos encontrar en esta anécdota que nos contó: “Los medios de comunicación tienen una gran parte de responsabilidad en crear el misterio del Triángulo de las Bermudas. Hace algunos años apareció un artículo en el National Enquirer. Llamé a un periodista del tabloide y le dije: ‘mi libro ya está publicado, estoy seguro que lo leyeron, pero ¿por qué no usaron la información que ahí se dá?’, y me contestó: ‘porque usted resuelve los misterios y nosotros queremos misterios’. Eso es exactamente lo que hicieron. A ellos no les importaba la verdad, lo que querían era vender periódicos”

Kusche no se hizo millonario como Berlitz. Vive de su pensión como bibliotecario en una sencilla casa de clase media de un poblado de Arizona. Y a pesar de que desenmascaró un gran "misterio", ni siquiera es muy famoso; pero eso sí, hoy puede mirar a sus nietos a los ojos y decirles: "No se preocupen por lo que les digan: siempre tienen que buscar la verdad y divulgarla, aunque eso no sea un buen negocio".

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jueves, 1 de octubre de 2009

El polígrafo, ¿una máquina de la verdad?

El polígrafo
¿Una "máquina de la verdad"?

Hace pocos días y pasmados por la sorpresa, pudimos presenciar en un programa de televisión cómo se sometía a un ex policía a la prueba del polígrafo. Los resultados de la también llamada “máquina de la verdad”, se decía, probaba su inocencia. El cabo Camilo Badillo fue sentenciado por la Corte Suprema de Justicia a cumplir ocho años de prisión, acusado de participar en la desaparición de los hermanos Santiago y Andrés Restrepo en 1988.

Oímos también, al empresario que comercializa estas máquinas afirmar, con asombrosa seguridad, que el hombre no mentía. Y a algunos periodistas llegar a la conclusión de que con él se había cometido una injusticia. Al día siguiente, en los periódicos aparecieron titulares como estos: “Ex cabo Badillo no tuvo nada que ver con la desaparición de los hermanos Restrepo” y “Polígrafo da la razón a Badillo” .

Pedro Restrepo, el padre de las víctimas, calificó a la prueba como “un show mediático” y recordó que la Justicia condenó a Badillo en diversas instancias porque las pruebas eran irrefutables. Extrañamente, no escuchamos pronunciamientos de la Justicia respecto de la validez de la prueba del polígrafo, porque a la vista de los graves problemas que padece, estas máquinas podrían ser la solución. Tal vez sustituir a los jueces. Muy sencillo: prendemos la máquina, ponemos delante a los acusados, y en sólo dos o tres horas un técnico emite la sentencia con absoluta objetividad. Nos ahorramos prisiones preventivas, abogados, papeleo, y a la cárcel sólo irían los culpables. Fantástico, ¿verdad?

Veíamos al cabo Badillo con cables conectados por todas partes, sentado frente a su entrevistador, y nos acordamos de Blade Runner, un inquietante relato futurista en el que un cazador de recompensas debe determinar si los sospechosos son personas o androides. Lo hace con la ayuda de una máquina que lee las reacciones en las pupilas, pero como los androides están convencidos que son humanos pueden engañar a las otras máquinas… y a la persona que interpreta los resultados.

Las mentiras del detector de mentiras

Aquí no vamos a hablar de la inocencia o la culpabilidad de Camilo Badillo: no somos ni jueces…ni polígrafos. La Justicia ya dio su veredicto y sólo ella podrá cambiarlo si las pruebas objetivas demuestran que se equivocó. Lo que a nosotros nos importa es saber si realmente existe una “máquina de la verdad” y si sus resultados son confiables.

Y la respuesta a las dos preguntas es No.

Pregúntenle a la CIA, que en la década de los 80´s fue devastada por Aldrich Ames, un agente que espiaba para la Unión Soviética. Ames entregó a los rusos una enorme cantidad de secretos y causó la muerte de decenas de espías gringos causando el peor daño en toda la historia de esa central de inteligencia. Ames había pasado numerosas veces por la prueba del polígrafo, y cuando finalmente fue descubierto (por el chisme de una vecina extrañada de su lujoso nivel de vida) confesó que con un poco de entrenamiento era muy fácil engañar al detector de mentiras. Y como él, también superaron con éxito el detector de mentiras decenas de espías famosos como Karl Koecher y Ana Belén Montes. Y eso sin contar a los que jamás fueron descubiertos.

Sucede que el polígrafo se basa en una teoría que supone que mentir causa estrés al mentiroso, y que esa tensión se traduce en cambios corporales (sudoración, aceleración de los latidos cardíacos, aumento de la presión arterial, etc.) que pueden ser detectados. Pero esto no tiene la menor validez científica.

Las reacciones humanas a un estímulo son muy variables. Hay casi tantas como personas en el planeta. Aquél que está acostumbrado a mentir sin remordimientos puede controlar mejor sus emociones que quien suele decir la verdad. Más aún, existen enfermedades psicológicas en las que el individuo cree estar diciendo la verdad. Quien sufre de sociopatía, por ejemplo, pierde la noción de lo que son las leyes y los derechos de los demás. Así, si ha robado y dice que no lo ha hecho, en su fuero interno y hacia los demás, no estará mintiendo.

Para usar otro ejemplo por el absurdo, si a un megalómano que se cree Napoleón le preguntamos si es el emperador de Francia, la máquina nos mostrará que no ha mentido. Pero si el polígrafo demuestra lo contrario, eso significaría que el hombre... ya se ha curado.

Modernizando la injusticia

Sin embargo, hay algo quizás peor que no detectar a los culpables: condenar a los inocentes. Varios casos de personas injustamente encarceladas por el uso del polígrafo han sido denunciados en los Estados Unidos por Human Rights Watch. (1)

Sucede que los resultados del polígrafo no se constituyen en evidencia en casi ninguna corte del mundo, sino en un método de presión para el acusado durante los interrogatorios policiales. Su otro uso no convence ni a los mismos policías:

“La prueba del polígrafo no tiene el menor fundamento teórico ni la menor validez… Como dice uno de mis colegas, este tipo de test tiene tanta confiabilidad como la astrología o la lectura de la borra del café”

Dr. Drew Richardson, agente del FBI especializado en el polígrafo.

En 1997 un grupo de 247 psiquiatras estimó su eficacia en un 61%, una probabilidad algo mejor que lanzar una moneda al aire. (2)

Y la Academia Nacional de Ciencias estadounidense en un informe de casi 400 páginas redactado por expertos en psicología, estadística y derecho, concluye que el polígrafo puede constituir una trampa para las personas inocentes. Un experimento estadístico determinó que si entre 10 mil personas examinadas hubiera 10 espías, la máquina podría detectar solo a ocho de ellos, y además declararía culpable a ¡casi 1600 personas! (3)

En fin, la “máquina de la verdad” no tiene el menor fundamento científico, pero ¿por qué tiene aún tanta credibilidad? La respuesta la da la propia Academia de Ciencias, que, al analizar los estudios que se realizaron hace décadas, descubrió que se habían obviado las opiniones que cuestionaban la validez de este método. Así, se crearon muchos mitos que los medios de comunicación ayudaron a difundir:

“En la cultura popular y los medios de comunicación, el dispositivo detector de mentiras es a menudo representado como un espíritu mágico de lectura de la mente. Estos hechos reflejan la mística o la creencia generalizada de que la prueba del polígrafo es una técnica muy válida para detectar el engaño, a pesar de la persistente falta de consenso en la comunidad científica acerca de la validez de las pruebas de polígrafo”. (4)

Engañando a las máquinas

Es tan fácil engañar a la máquina que hasta se pueden encontrar consejos en Internet que van desde infligirse dolor durante las preguntas de control, hasta realizar cálculos matemáticos en las preguntas más compremetedoras. El espía Aldrich Ames dice haber recibido estos consejos de los expertos de la KGB: “Duerme bien, acude descansado y relajado y hazte amigo del controlador”. Lo sabía también Gary Ridgway, el más famoso asesino serial de Estados Unidos, quien en 1984 pasó la prueba del polígrafo. Cuando por fin lo detuvieron, en 2001, ya había asesinado al menos a 49 mujeres. Ah, y también Al Qaeda tiene un manual de instrucciones para sus terroristas (5)

Y hay mucho más para hablar de su poca fiabilidad. Por ejemplo, que para convertirse en “experto” del polígrafo basta con un curso de… ¡8 semanas.! En apenas dos meses -lo mismo que dura un curso de peluquería canina- usted podría convertirse en juez de la inocencia o la culpabilidad de cualquier persona . (6)

Por eso, el recientemente fallecido senador Edward Kennedy luchó contra el polígrafo hasta lograr que se apruebe un acta que restringe su utilización por los empleadores. Se les prohíbe interrogar a las personas sobre opiniones políticas, preferencias sexuales, inclinación religiosa, entre otras. (7)

Porque el uso de esta “máquina de la verdad” basada en un mecanismo y un procedimiento pseudocientíficos es una invasion a la privacidad de las personas, y puede llegar a constituirse en una amenaza a su dignidad y su libertad.

En la vida diaria nos basamos en una serie de complejos elementos objetivos y subjetivos para determinar si alguien nos miente. De existir esta máquina mágica, todo sería más fácil. Por ejemplo, ya no harían falta elecciones: conectamos al polígrafo a todos los candidatos, y el que miente menos, automáticamente se convierte en presidente. Claro, si después hace lo contrario de lo que dijo, eso ya no sería culpa de la pobre máquina.

Notas

1) http://www.hrw.org/reports/2002/us911/USA0802.pdf

2) http://www.usatoday.com/news/nation/2002-09-09-lie_x.htm

3) http://www.nap.edu/openbook.php?record_id=10420&pa

4) Ibid

5)http://www.nytimes.com/2001/11/17/international/asia/17HOUS.html?pagewanted=print

6) http://www.marstonpolygraphacademy.com/schedule.htm)

7) http://www.nytimes.com/1988/03/04/us/senate-votes-for-limits-on-polygraph-testing.html

Para leer más artículos sobre la ineficacia de los polígrafos les recomendamos ir a

http://antipolygraph.org/


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